jueves, 2 de junio de 2011

Mi efímera existencia en ti


Aparecieron frente a mí


Entre la gente, claros, alegres,


Me crucé con tus ojos, alegres


Bonitos, claros…


Y así ligera, ligera siempre en mí


Fresca, bellísima mujer.



Entre la gente te buscaba


Y por tus ojos te encontré,


esos ojos que sólo en imagen captados tenía…



Mirarte e imaginar el tiempo contigo


Mirarte e imaginar que me mirabas


De reojo


Que te importaba.


De la complicidad


Que te sabía para mí


Que me sabías para ti.



Y tratar de escuchar,


Entre la oscuridad, la música


El alcohol


tratar de entender


lo que tu amiga decía


Tratar de captar palabras,


Sabía que ella hablaba pero yo no


entendía, nada entendía,


sólo pensaba en tu beso,


sólo podía pensar en tu beso



Tus labios dulces, tu lengua


Suave


Mi mano rosando tu mejilla


Y por primera vez


Con ningunos otros


Desear


Que esos labios


tus labios nunca soltaran los míos…



y lo ridícula que me sentí


mis brazos, mis labios


tanto tiempo vacíos


queriendo colmarse de ti



Cuánto deseé que tus labios no me soltaran



Y la certeza de mi efímera existencia en ti


en tus labios…


de lo inasible de tu cuerpo,


de lo imposible de lograrte.



Y girar sobre mis pasos, seguir mi viaje


sabiendo que no te probaría otra vez…




Laura Cruzher

31 de mayo 2011

lunes, 31 de mayo de 2010

No hubo duelo más anunciado

A Norma L. M.

Tu muerte la viví desde que te conocí.
Un duelo… no hubo duelo más anunciado.
La ternura que con la que llegaste
me prometió tanto.
Todo aquello que no iba a ser.

Hoy no me derramo en llanto
porque ya te he llorado tanto.

Te lloré cuando supe que tu deseo estaría repartido en dos
Aquella parte que jamás yo podría darte,
Aquella tu vida soñada que yo jamás podría darte,
Una parte de mi ilusión por ti se fue
cuando confirmaste eso:
vulva y pene, dos lugares en el mundo irreconciliables
entre dos mujeres… pensé…

A partir de entonces busqué
afanosa mi razón de quererte.
Cuánto te quería, ¿te quería realmente?

Renuncié a ti cuando tus andanzas te acercaban a mí
Y tú me mantenías lo más lejos que podías.
Mi voluntad minaba… era tu miedo lo que me alejaba.
¿No era suficiente amor para ti?
No era suficiente tu amor por mí.

Y es que después de algunos años de haber aceptado esa "yo";
de haber aceptado que mi amor de mujer por otras mujeres simplemente es;
el encierro, la angustia, el dolor de ocultar lo que una es
Ya no tiene razón de ser… es tan poco su peso
que no lo puedo comprender en otros,
ese miedo ya no lo entiendo.

Y lloro, está bien, lloro, sigo llorando dejarte.
La distancia, me repito, ¡la distancia otra vez no!
La distancia no fue… fue mi inexistencia en tu vida.

Merezco más…
Merezco ser aquella que por su amor estés dispuesta
a un universo.
No merezco a alguien mejor, te equivocas;
pero sirve bien a tu justificación para dejarme ir.

Merezco que alguien me quiera lo suficiente para
no dejarme ir, para decirme “quédate”,
para decirme “te quiero en mi vida”
para decirme “te quiero”
para decirme “te amo”
para decirme “ya no puedo estar sin ti”
para decirme “hoy no te puedo ver, pero no poder verte me parte el espíritu”
Merezco que alguien me tenga en sí misma como lo más bello que puede haber.

No merezco a alguien mejor, te equivocas;
Merezco algo mejor de ti…

No es que merezca a alguien que no tenga miedo
Merezco que alguien luche de a un paso a la vez contra ese miedo.

He llorado varias veces por ti, por lo que no puedo tener de ti y
por lo que no puedes ser para mí, he llorado
porque te lo pedía y no me lo dabas.
He llorado porque lo que necesitaba
tenía que pedírtelo todas y cada una de las veces.

He llorado, porque mi llanto no llega a ti.
He llorado porque en tu corazón no me albergas.
Porque frente a ti voy y vengo y tú
apenas vislumbras mi figura.
Mi corazón arde, se vuelve frío, mi piel se enciende
mi duda por tu amor crece
y tú apenas vislumbras mi figura.

He llorado porque sé que mañana no estarás,
Porque de todas y todos a los que has querido
Seré yo a la única a quién no regresarás.

Lloro del temor que tendré de no haberte logrado.
Lloro del dolor de la imposibilidad que tú y yo fuimos
Que no cesará…

Lloraré aún de tus besos, tu boca, tus ojos mirándome
Tú tibieza en mi abrazo
Tu cuerpo entregándose
de todo eso que no tendré nunca.
De que no te tendré nunca.

Lloraré por lo que no fuimos,
porque no fuiste la idea que tenía de las dos.

No lloraré por ti porque a pesar de que llegaste espléndida
Nunca sentí poderte tener plena,
lloraré entonces porque nunca te tuve en sí.

Me he dado cuenta que en el amor soy un soliloquio.
A ti preciosa, poco te pude escuchar.
O tú no me hablabas o yo no pude escucharte
Escuchar la naturaleza de tu amor por mí…

Me muerdo los labios
Me amarro los dedos,
Sujeto mis manos
para no
pedirte
que me pidas que regrese…

Laura Cruzher
5-abril-2010

viernes, 4 de diciembre de 2009

Tu ser insondable que no es mío...



Un día llegaste y me prometiste
Y yo no quise creer, me negaba a pensar que eso podías ser tú.
Y busqué en otros rostros, en otras voces lo que sabía que por mucho que dijeras, tú no podías ser.
Y te advertí que la distancia me lastimaba mucho y que se convertía en el motivo más grande para dar un "no" a un gran amor. Y te lo dije, “no”.
Y regresé derrotada de otros "no", y luego, fascinada me alenté a amarte, a desearte, a querer beberme tu belleza con los ojos, porque eres preciosa.
Y me fasciné de tus gestos que anunciaban esa personalidad exquisitamente pudorosa, reservada, esa personalidad tan infinitamente misteriosa…
Y ese misterio tuyo me fascinó y hoy, hoy ese misterio es mi tristeza.
En el fondo, amor, sé que no puedo tenerte.
Te deseo, te deseo tan sublimemente y sé que tú deseo por mí no es suficiente para mantenernos juntas.
Sigo aquí, no me preguntes por qué aún sigo aquí, queriéndote…
No me atreveré a amarte, creo que estoy segura.
Aún sigo aquí, no cuestiones, no lo harás, lo sé.
Tu ser insondable, qué infinito dolor saberte insondable.
Aunque sé, y es lo único realmente importante que necesito saber, que a pesar de cada esfuerzo, tú no serás para mí,
eso insondable no será para mí.
No atino a entender que alguien pueda merecerte más que yo. Sé que no hay quien te merezca más que yo.
Y por eso acepto mi derrota anticipadamente. Porque en eso del amor, pocas veces hay justicia.
Ahora entiendo el dolor de estar donde no se es amado lo suficiente.
Y otra vez la música puede venir a salvarme:
“amor para vivir” no es un querer donde hay ausencia de “carne y deseo también, donde no basta que me entiendas y mueras por mí”.
Cuál ese nuestro amor para vivir.
Hoy he anunciado mi derrota:
Y en el fondo, mi amor, en este lugar de mi cuerpo del cual no tengo ubicación exacta:
tal vez en mi garganta, esófago y estómago que busca una salida a veces por ojos, fosas nasales y voz siguiendo una armonía;
en ese lugar, mi amor, yo quiero quedarme, me aliento a creer que podré lograr hacer que me ames.
Y recuerdo aquellos primeros momentos, aquellas primeras líneas que me dedicaste, y una sonrisa no puedo impedir que salga, pues ahora soy yo quien ruega que me ames.
Ahora entiendo también, que la soledad no es más que la ausencia de una misma a través de los ojos de otro.
Y en su punto más profundo, el reflejo más “verídico” de una misma ocurre, existe, en los ojos de quien quiere fundirse con una misma.
Y pensar que parte integral de lo que me impide hablarte de estos mis miedos terribles, es esquivar la soledad en razón de no poder ya verme más a través de ti.


Laura Cruzher
3-dic-09


martes, 17 de noviembre de 2009

Como la que más puedo amar


Eres tú ahora quien está constante en mi pensamiento.
Todos los días estás…
He buscado, cuando te he visto, palabras de amor para darte.
Úrgeme en el pecho decirte que te quiero, mi amor,
No hay algo que me convenza del todo.
Dice Shoffstall que los besos nos son contratos,
Ni los regalos promesas,
que una debe aprender a construir sus caminos en el hoy
porque el mañana es demasiado incierto.
Dice Pablo que alguien llega, serena, sin hacer promesas,
Llega y simplemente se queda…
Y esas palabras abordando amor me suenan para ti…
Porque aquí estás, tranquila, preciosa para mí.
Te quiero, te quiero cada día más.
Te miras desde lejos como la mujer que me puede hacer feliz.
Y mi corazón se siente pleno de ti, de saberte, de que existes para mí.
e miras desde lejos como la que más amo, la que más puedo amar.
Sabes? Tengo miedo.
Todo parece ir tan bien en las dos
Que tengo miedo de que no sea verdad.
Porque una se acostumbra al dolor
a la imposibilidad.
Y por supuesto, a la renuncia.
Shofftall y Milanés me informan cosas
Irreconciliables… tal vez.
Y te amo…
con la misma intensidad que temo perderte, mi amor.

II
Por favor no digas nada, mi amor.
No digas nada de esto que he dicho.
No prometas nada esta vez.
No te angusties, no estrujes a tu corazón
para sentirme
o para decirme lo que sientes.
A veces creo que si el tiempo pasa
Te perderé, perderé tu promesa
de que serás más que sólo una visita en mi vida.

Esto que escribo debería llamarse
“Te amo…
con la misma intensidad que temo perderte”
Pero ¿sabes?
Siento, mi preciosa, que basta
sólo un pequeño paso
Para que “tu y yo” sea una hermosa historia de amor…
Pero aún me llena la incertidumbre de que te vayas.
Que te vayas así nomás.
No se adivinar en tus miradas
ni en tus gestos,
qué es lo que soy para ti…
Creo estar segura que tal vez
incluso tú,
no lo sabes.
Temo perderte, mi vida,
Pero ahora no puedo hacer
nada más que quererte.


Laura Cruzher
20 de septiembre de 2009