viernes, 4 de diciembre de 2009

Tu ser insondable que no es mío...



Un día llegaste y me prometiste
Y yo no quise creer, me negaba a pensar que eso podías ser tú.
Y busqué en otros rostros, en otras voces lo que sabía que por mucho que dijeras, tú no podías ser.
Y te advertí que la distancia me lastimaba mucho y que se convertía en el motivo más grande para dar un "no" a un gran amor. Y te lo dije, “no”.
Y regresé derrotada de otros "no", y luego, fascinada me alenté a amarte, a desearte, a querer beberme tu belleza con los ojos, porque eres preciosa.
Y me fasciné de tus gestos que anunciaban esa personalidad exquisitamente pudorosa, reservada, esa personalidad tan infinitamente misteriosa…
Y ese misterio tuyo me fascinó y hoy, hoy ese misterio es mi tristeza.
En el fondo, amor, sé que no puedo tenerte.
Te deseo, te deseo tan sublimemente y sé que tú deseo por mí no es suficiente para mantenernos juntas.
Sigo aquí, no me preguntes por qué aún sigo aquí, queriéndote…
No me atreveré a amarte, creo que estoy segura.
Aún sigo aquí, no cuestiones, no lo harás, lo sé.
Tu ser insondable, qué infinito dolor saberte insondable.
Aunque sé, y es lo único realmente importante que necesito saber, que a pesar de cada esfuerzo, tú no serás para mí,
eso insondable no será para mí.
No atino a entender que alguien pueda merecerte más que yo. Sé que no hay quien te merezca más que yo.
Y por eso acepto mi derrota anticipadamente. Porque en eso del amor, pocas veces hay justicia.
Ahora entiendo el dolor de estar donde no se es amado lo suficiente.
Y otra vez la música puede venir a salvarme:
“amor para vivir” no es un querer donde hay ausencia de “carne y deseo también, donde no basta que me entiendas y mueras por mí”.
Cuál ese nuestro amor para vivir.
Hoy he anunciado mi derrota:
Y en el fondo, mi amor, en este lugar de mi cuerpo del cual no tengo ubicación exacta:
tal vez en mi garganta, esófago y estómago que busca una salida a veces por ojos, fosas nasales y voz siguiendo una armonía;
en ese lugar, mi amor, yo quiero quedarme, me aliento a creer que podré lograr hacer que me ames.
Y recuerdo aquellos primeros momentos, aquellas primeras líneas que me dedicaste, y una sonrisa no puedo impedir que salga, pues ahora soy yo quien ruega que me ames.
Ahora entiendo también, que la soledad no es más que la ausencia de una misma a través de los ojos de otro.
Y en su punto más profundo, el reflejo más “verídico” de una misma ocurre, existe, en los ojos de quien quiere fundirse con una misma.
Y pensar que parte integral de lo que me impide hablarte de estos mis miedos terribles, es esquivar la soledad en razón de no poder ya verme más a través de ti.


Laura Cruzher
3-dic-09


martes, 17 de noviembre de 2009

Como la que más puedo amar


Eres tú ahora quien está constante en mi pensamiento.
Todos los días estás…
He buscado, cuando te he visto, palabras de amor para darte.
Úrgeme en el pecho decirte que te quiero, mi amor,
No hay algo que me convenza del todo.
Dice Shoffstall que los besos nos son contratos,
Ni los regalos promesas,
que una debe aprender a construir sus caminos en el hoy
porque el mañana es demasiado incierto.
Dice Pablo que alguien llega, serena, sin hacer promesas,
Llega y simplemente se queda…
Y esas palabras abordando amor me suenan para ti…
Porque aquí estás, tranquila, preciosa para mí.
Te quiero, te quiero cada día más.
Te miras desde lejos como la mujer que me puede hacer feliz.
Y mi corazón se siente pleno de ti, de saberte, de que existes para mí.
e miras desde lejos como la que más amo, la que más puedo amar.
Sabes? Tengo miedo.
Todo parece ir tan bien en las dos
Que tengo miedo de que no sea verdad.
Porque una se acostumbra al dolor
a la imposibilidad.
Y por supuesto, a la renuncia.
Shofftall y Milanés me informan cosas
Irreconciliables… tal vez.
Y te amo…
con la misma intensidad que temo perderte, mi amor.

II
Por favor no digas nada, mi amor.
No digas nada de esto que he dicho.
No prometas nada esta vez.
No te angusties, no estrujes a tu corazón
para sentirme
o para decirme lo que sientes.
A veces creo que si el tiempo pasa
Te perderé, perderé tu promesa
de que serás más que sólo una visita en mi vida.

Esto que escribo debería llamarse
“Te amo…
con la misma intensidad que temo perderte”
Pero ¿sabes?
Siento, mi preciosa, que basta
sólo un pequeño paso
Para que “tu y yo” sea una hermosa historia de amor…
Pero aún me llena la incertidumbre de que te vayas.
Que te vayas así nomás.
No se adivinar en tus miradas
ni en tus gestos,
qué es lo que soy para ti…
Creo estar segura que tal vez
incluso tú,
no lo sabes.
Temo perderte, mi vida,
Pero ahora no puedo hacer
nada más que quererte.


Laura Cruzher
20 de septiembre de 2009